Isabel Flores de Oliva, más conocida como Santa Rosa de Lima, nació el 20 de abril de 1586 en la ciudad de Lima, capital del Virreinato del Perú. Desde muy joven, mostró una profunda devoción religiosa y un compromiso con los más necesitados, dedicando su vida al cuidado de enfermos, indígenas y afrodescendientes.
A pesar de la oposición de su padre, quien deseaba que contrajera matrimonio, Isabel ingresó a la Tercera Orden de Santo Domingo como laica consagrada. Su vida estuvo marcada por la penitencia y la austeridad, practicando ayunos prolongados y mortificaciones corporales, siguiendo las costumbres de la época.
PORQUE LA RELACIONAN CON LA TORMENTA
El origen del mito de la tormenta se remonta al año 1615, cuando una flota de barcos corsarios neerlandeses amenazaba con atacar la ciudad de Lima por el puerto del Callao. Según la leyenda, Rosa de Lima reunió a un grupo de mujeres en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario para orar por la salvación de la ciudad. Tras sus plegarias, se desató una intensa tormenta que obligó a los piratas a replegarse, salvando así a Lima de la invasión.
Los fieles atribuyeron este hecho climático a un milagro obrado por Rosa, ya que en aquella época del año era poco probable que ocurrieran lluvias torrenciales en la región. La leyenda cobraba fuerza debido al particular microclima de Callao.
ISABEL CONVERTIDA EN SANTA ROSA
El supuesto “milagro” de la tormenta contribuyó a que Isabel Flores de Oliva fuera beatificada en 1668 y canonizada en 1671 por el Papa Clemente X, convirtiéndose en la primera santa americana. Desde entonces, se la conoce como Santa Rosa de Lima y se le atribuyen diversos milagros y hechos prodigiosos, como hacer llover rosas en el escritorio del Pontífice cuando este solicitó una prueba de su santidad.